¡PELIGRO: ASFALTO RESBALADIZO!
La saga de Conducción de Electronic Arts trata de volver a sus orígenes, tras el tropezón con Pro Street. Más nitros, velocidad, tuning y persecuciones. Así que, acelerando, que es gerundio.
Si estuviéramos hablando de un alimento, sería como los turrones, de los que vuelven a casa por Navidad. Pero esto no es una revista culinaria, por lo que debemos estar hablando de uno de esos juegos anuales, concretamente de uno de carreras urbanas y tipos malotes. Con estos datos no queda otra.
Los entendidos en videojuegos saben que no hay Navidad sin una buena ración de Need for Speed, por lo tanto toca acelerar a fondo. A ver si con suerte no nos damos una 'piña' en la rotonda. De entrada, tiene toda la pinta de reverdecer viejos laureles, teniendo en cuenta que la anterior entrega fue una decepción que ni la del TItanic.
Vuelve el tunning
Retoma el rollo tunero, vuelve una ciudad abierta y cada una de las imágenes que se han visto tienen un 'algo' que hace que la adrenalina se dispare por nuestro organismo.
Hasta las primeras sensaciones al poner el juego son de lo más positivo, en parte gracias a la trabajada puesta en escena de este Undercover. Un par de vídeos con actores reales, una persecución en una autopista y ya está armado el lío.
A partir de este punto esperan más de 180 pruebas libres y un buen puñado de horas enfrascados en carreras ilegales, compras-ventas de bólidos y persecuciones policiales por las calles de una ciudad, Tri-CIty, que debe estar en cuarentena porque ni un solo peatón se atreve a pisar sus calles. A decir verdad, incluso los coches son escasos al pasear por las calles.
Mapa inútil
Al menos, con un solo botón se puede acceder a cada prueba sin mucho artificio, lo que nos lleva al siguiente error: no hay nada por descubrir en el mapa. Es decir, ¿para qué crear una ciudad tan grande como Tri City, si se puede entrar a las pruebas directamente y no hay nada que hacer entre carrera y carrera? Errores de diseño a parte, lo que no se le puede reprochar es que, cuando las revoluciones suben, tiene una pinta magnífica.
Y además es el punto en que Need for Speed Undercover resulta más divertido... Sólo hay que imaginar una carrera entre el tráfico, tratando de alcanzar al coche de delante mientras usamos nitros. Los espejos retrovisores zumban por lo cerca que pasan, pero si frenas, pierdes. Suena bien, ¿verdad?. Pero entonces llegan los chicos malos del mundo de los videojuegos, las ralentizaciones. Horror. Son en momentos puntuales, pero suficiente para dejar un regustillo amargo en ese carrerón que nos estábamos marcando.
Aun a pesar de esto, nos hemos visto enganchados durante horas a Need for Speed Undercover. Tratando de desbloquear más coches para meterles nuevas piezas que los hagan completamente irreconocibles (de eso va el tunning, ¿no?). La clave, una dificultad tirando a baja, que hace que los jugadores con ganas de ver todo no tengan que repetir demasiadas pruebas, y los novatos no desesperen po su propia falta de pericia.
La pega de esto es que de simple, acaba siendo cansino. Da igual que haya tipos de pruebas para aburrir a un gato. Aunque suene raro, nos cansamos de tanto ganar. Si eres de los que estaban esperando un nuevo Most Wanted, o los juegos de conducción complicados no son lo tuyo, éste es una buena opción, quizás no la mejor, pero sí una a tener en cuenta si te va el triunvirato mágico: tunning + cochazos + fácil control. Esperábamos más, no nos vamos a engañar. Esperemos que las próximas navidades llegue el Need for Speed definitivo.